Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 InternacionalRuiz Pesce, Ramón Eduardo2026-04-162016-05-16Ruiz Pesce, R. E. (2016). Soy la Verdad. Para una filosofía del cristianismo: De una fenomenología de la vida a una filosofía de la carne en Michel Henry. Studium. Filosofía Y Teología, 19(36-37), 351–372. https://doi.org/10.53439/stdfyt36-37.19.2016.351-3720329-89302591-426Xhttps://doi.org/10.53439/stdfyt36-37.19.2016.351-372https://rdi.unsta.edu.ar/handle/123456789/1575https://doi.org/10.53439/stdfyt36-37.19.2016.351-372La obra filosófica de Michel Henry forjó una filosofía del cristianismo que se articula como una Fenomenología de la Vida, engarzada con una filosofía de la carne y consumada como una Fenomenología de la Encarnación. El núcleo de dicha fenomenología comienza distinguiendo entre la fenomenología del mundo y la Fenomenología de la Vida. La fenomenología del mundo planteó y plantea siempre un pensamiento confinado en la exterioridad, en el estar fuera; en lo ek-stático, que siempre olvida y niega la vida. La Fenomenología de la Vida, en cambio, es la inmanencia y la auto-afección (el experimentarse a sí del viviente), que se expone desde las intuiciones esenciales del cristianismo: una vida que es auto-revelación; que es auto-donación, y que está caracterizada por el gozo infinito de sí en el abrazo patético de Sí, en la auto-afección. Ello, la Vida absoluta (Dios Padre, Dios de la Vida) auto-engendra eternamente a Dios Hijo, Cristo, el Primogénito, el Archi-Hijo. En Él nacemos a y por la Vida los vivientes, que somos los Hijos de Dios, Hijos de la Vida en el Archi-Hijo. Él nos singulariza engendrándonos en su Archi-Ipseidad. La carne del viviente es engendrada en el Verbo hecho Carne; Palabra de Vida, Palabra de la Verdad, Verbo de Vida, Verbo de Amor.pp. 351-372esLicencia Creative Commonshttps://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.esSoy la Verdad. Para una filosofía del cristianismo. De una fenomenología de la vida a una filosofía de la carne en Michel HenryArticleCristofilosofíafenomenologíavidaverdadcarne