Núm. 8 (2026)
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Item Cosmovisión actual. La sociedad consumista y su espiritualidad(Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. Facultad de Humanidades., 2026-06-17) Estévez, RobertoEn este artículo no es nuestro objetivo predecir un futuro que por la libertad humana es impredecible, sino describir nuestro presente, complejo, multiforme; con textura diversa, altura y profundidad, extensión, temporalidad y misterio. Intentamos por ello, solo describir notas de la concepción del mundo actual, en la parte del espacio cultural global que integra la civilización euroamericana —de la cual somos parte—, particularmente la mediación entre la idea del hombre, que Marcuse llamó unidimensional, y la idea del absoluto en que se valora: la tecnología. Nuestra civilización euroamericana es hoy una civilización del deseo, regida por la tecnología, la individualidad —con validación de la tribu/colmena— y el consumo, como valores preponderantes. Se han sustituido las necesidades por los deseos, y los deseos nunca pueden ser saciados totalmente, por bienes finitos, pues es constitutivo del deseo humano dejar un débito a cubrir. La novedad de nuestro tiempo es que pueda ser renovado por la obsolescencia planificada, y ensanchado por el marketing. En una cosmovisión intrascendente, no solo por la visión cerrada de la historia que le dejó el secularismo de la segunda Modernidad, sino también por su intrascendencia interpersonal, la plenitud antropológica no es evidente como tal, pero sí se observa su efecto, una ansiedad espiritual fáctica, un débito. Se desarrolló así un interregno epocal en el que más se ha escrito y hablado sobre el hombre y, paradójicamente, también el período de la historia humana de las masivas, fabriles e impiadosas violaciones de los derechos del hombre, de las más hondas angustias respecto a su identidad y destino, y en que se empeñó en no aceptar a todo el hombre, ni a todos los hombres. La transposición de lo religioso a lo político durante la primera mitad del siglo XX (el stalinismo, fascismo y nazismo) y el fracaso del socialismo real (soviético), no significaron un cuestionamiento significativo. Lo que era contradictorio en la Ilustración, se vuelve paralelo desde la segunda mitad del siglo XX: crece el individualismo intrascendente de la sola acción, el puro devenir, el logos mutable, y el cambio como la única seguridad. Pero con una individualidad emancipada, que no se ve ya como fruto de los lazos próximos en la libertad pública, sino en el Olimpo de la tribu/colmena/mónada social y el consumo. El hombre “cosa” entre las cosas, pierde su lugar en la naturaleza/creación, la unidad, armonía y jerarquía en su propio ser. Se convierte, en el campo de una lucha de contrarios que pugnan por primar sobre los demás y expresarse en plena autonomía.